Parvada de tejas

A la vecina de lentes le sucedió que el tejado de imprevisto agarró vuelo y se mandó a mudar sin siquiera decir pío. Las tejas planeaban y se enredaban a través del crepúsculo. Ella no sabía qué hacer para que vuelvan y les ofrecía alpiste y todo, pero no había caso. Ignoraba que las tejas se alimentan de cielo y por eso las ponemos en el techo. Así se lo comen y no se nos mete en la casa. Es peligroso dejarlo entrar. Al principio capaz que es sólo una nube y uno chocho de la vida, no obstante es cuestión de tiempo para que te aparezca un avión y te lleve puesto.


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