Yo tenía qué, seis o siete años, y Doña María, o sea mamá, había plantado unos coreanitos en el patio. Al mismo tiempo redujo el número de cigarrillos al día. Se me hizo que esos dos hechos de alguna manera estaban relacionados. Deduje lo siguiente: el tallo prestidigitador de los coreanitos se metía a la casa y le robaba los puchos a mamá, de la mesita de luz o, acaso, hallándola distraída se los sustraía descaradamente de entre los labios. Todo para fumárselos; justo ellos que tienen forma como de pulmón.
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