Mutilación escultórica

A las palomas les encanta posarse sobre una estatua y esperar. Como todos saben, las estatuas son totalmente capaces de moverse. Pero cuando lo hacen se les ablanda el mármol o el bronce y las palomas aprovechan para asestarles un picotazo con el único fin de cercenarlas, arrancarles un ojo o una mano, por puro y plumífero placer. Algunos niños presienten esa perversidad y, por esta razón, les propinan un buen puntapié a modo de escarmiento.


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