Ernesto es el único caso comprobado del Síndrome de Anatoli, cuyos síntomas son la pérdida severa de la noción del tiempo y la dislexia temporal, que consiste en la incapacidad patológica para leer la hora. Este mal fue descubierto y documentado por Anatoli Sóvolev, psicólogo y reputado lector de textos para el entretenimiento de empleados de fábrica, poseedor de la rara habilidad de descifrar fragmentos de obras destacadas dentro del realismo socialista en la borra del café. Fuera de su caso, este sólo se ha dado en dos ocasiones con anterioridad que se consideran como altamente probables: el italiano Enzo Grecco, autoproclamado inventor del sombrero dominical para señoritas melancólicas, y Abëgail Valery, poco celebrada traductora incorregible de poesía surrealista africana al latín.
A pesar de esto, Ernesto, siente una misteriosa atracción por los relojes, que reúne fervorosamente, aunque para él no sean más que objetos hermosos comparables a las jaulas vacías. Tiene relojes chinos, japoneses, suizos, cucú, de incienso, de vela, clepsidras, de arena, solares, lunares, despertadores, de bolsillo, de oro, de pared, pulsera, analógicos, digitales, con números arábigos, romanos, sin números, en radianes, para ciegos, para zurdos, para niños y sumergibles.
Si bien su condición le trae algún que otro inconveniente Ernesto ha desarrollado una buena cantidad de estimaciones, por lo que maneja un propio sistema de mesura de intervalos y períodos subjetivos. A saber, tiene por cosa cierta que un viaje en colectivo si lo toma a una cuadra de su casa hasta la parada a tres manzanas de la de su novia es aproximadamente lo que tarda en llegar al chicle en un chupetín rojo o que un día son más o menos escuchar doscientos cuarenta y dos veces y media Stop me if you think you've heard this one before de The Smiths.
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