Se trata de un flamenco inmenso, de tan grande que es la gente lo confunde con un crepúsculo rosado. Si bien no debe preocuparse por su descendencia, pues, es inmortal, el celibato lo angustia sobremanera. No es fácil ser la única ave neognata colosal. A causa de esto se pasa horas y horas mirando a las mínimas y esbeltas hembras, las pálidas y cremosas de Europa, las de un delicioso salmón del Caribe, las de un sanguíneo rojo, sonrosadas o naranja ladrillo de América, las enanas de Kenia. Con los años le ha entrado cierta miopía y más de una vez sin notarlo pasó largo tiempo mirando un adorno de jardín, un arbusto de azaleas o un lapacho que cree que no es otra cosa que una flamenca un tanto robusta.
Me gustó Rosendo. Re buen nombre para un flamenco.
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