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Qué rico olor a campo.
Mario Benedetti, La tregua

A veces me imagino tubérculo, subterráneo y con múltiples ombligos y lunares, rico en almidón. Falto de ojos vería solucionado el defecto de refracción de los mismos. Y tras la pérdida de adminículos me sobrevendría el don de la inmovilidad o paciencia de raíz tuberosa. Esto es una manera de éxtasis, un modo de espera. Esperanza de tus manos. Que me habrán de desollar, cortarme en rectángulos y procurarme un porvenir de burbujeante amarillo. O acaso muerte por hervor y una suerte de aplastamiento. No lo sé. Luego en una muestra de pueril sadismo hallarían divertimento en mis entrañas los dientes de tu tenedor.
No me opondría, comensal encantadora.

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