Flyleaf*

a Diego, que es así como mi Macedonio Fernández


Manfredi no tuvo ni el menor presentimiento de lo que habría de ocurrirle aquella tarde. Fue de sopetón y como por en salmo que se le perdió una palabra. No sabía cuál, pero tenía la certeza de que se le había caído para siempre.

Lo consternaba sobremanera el hecho de que la había empleado con frecuencia. No acertaría a decir con qué letra comenzaba, si era sustantivo o verbo. Sin embargo, esto no fue óbice, la buscó en el diccionario, línea por línea, con minuciosidad de bibliotecario, acomodándose los anteojos de cuando en cuando, detrás de los cuales los ojos acechaban como búhos que asomaran desde las oquedades de un árbol repleto de fúngicas costras. No obstante, en vano.

Decidió salir a la calle, abriendo afanosamente las orejas como girasoles, con la esperanza de que alguien la pronunciara al pasar. Mas, cada vez que sospechaba que estaba a punto de ser articulada: interferencia, un estallido sordomudo y transparente, pletórico, lejano, tornándola ininteligible, un pájaro de tiza siendo borrado por la lluvia de algún muro.

Retornó apesadumbrado a casa. Para su angustia faltaban objetos que era incapaz de recordar. Ventanas, sillas, cuadros, mesas. Entonces olvidó la palabra puerta y quedó encerrado en una habitación vacía. Con el transcurrir de las horas sucedían otras pérdidas: bigote, zapato, uñas. Afortunadamente, terminó por extraviársele el significado de pared. Era libre nuevamente.

No tardó en darse cuenta de que el detrimento léxico era mayor al previsto. Incontables ausencias le sobrevenían. También zozobraban los vocablos ciudad, personas, automóviles.

Corría desnudo y contento sobre la hierba porque los términos tristeza y ropa habían conocido la misma suerte que las anteriores mencionadas. De pronto, no corría o estaba desnudo, tampoco existía la hierba. Todo el repertorio en su cabeza era devorado de forma ininterrumpida, aunque lenta, a modo de perentorias termitas. Planeta y cosmos.

Era un hombre solo en una especie de cristal de hielo de forma geométrica y características fractales, irrepetible. Hasta que se desvanecieron, finalmente, nariz, manos, órganos, pelo, sombra, cuerpo, ego.

Ahora sólo la hipérbole de una melopea o aroma a espacio en blanco.
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* Hoja en blanco, tanto al comienzo como al final, de un libro.

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