Dos textos escritos en Caballito

                                                                            En una carpintería en Yatay al 105 para ser más preciso, algún noviembre.

1

Ocurrióseme que este era un buen día para mirar el mundo un rato con los ojos, cansado, acaso, de mirarlo con las aletas de la nariz, atisbarlo con las caracolas del oído, acechar sus contornos sápidos con lo grumoso de la lengua, darlo vuelta en la saliva, sacudírmelo del polvo de los zapatos.

Nada como mirar los árboles inmediatos y los árboles mediatos.

Paisaje a paladas.

Un larguísimo tornado cósico del que se escurren sillas, ventanas y lápices.

No sé a ciencia cierta si eso es una estatua distante o una muchacha que amo.

2

Lo que yo necesito es un sombrero de copa, elegante, aristocrático, de ser posible réplica del de Lincoln, para que arropara esta cabeza encabellada de cabellos. Sería el deleite de las mozas. Y de algunos mozos, tal vez, a los que mi sola presencia les parecerá la mejor de las propinas.

Todos los ojos a siete jirafas horizontales a la redonda querrán frotarse contra su circunferencia, del mismo modo que una pareja de mochuelos.

Qué a gusto estaría entre mis folículos pilosos.

Qué feliz habré de ser entonces.

Qué triste la noche de viento en que huya de mí para siempre, como una planta rodadora.

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