Otra vez palomas

Aclare su mente. Hecho esto, dígame, si no se ha preguntado, escuche bien, si no se ha preguntado enteramente al estar, por ejemplo, en una plaza mirando unas palomas cualesquiera, si estas no eran las mismas que ha visto ayer o la semana pasada. Sea honesto, ¿tiene usted la certeza de que no lo sean? ¿Cómo dice?  Ya veo: nunca les ha prestado verdadera atención siquiera. Sin embargo, le suplico haga el esfuerzo y recuerde: ¿no es la blanca siempre idéntica a aquella otra blanca? ¿y la de las manchas negras sobre las alas? ¿o esa otra tan notoriamente más corpulenta que las demás? ¿y la que lleva simétricas iridiscencias como una bufanda? Esto es, ¿no es posible entonces que estas palomas que mira ahora y las de ayer y las de la semana pasada fueran las que vio en la infancia, entre las que correteó para que rompieran en vuelo, y no serán las mismas que alimentará en unos años o décadas, ya jubilado, con bastón o artritis? Digo yo: ¿no tendremos cada uno de nosotros, por poner un número, cien palomas para toda la vida, que aparecen y reaparecen en distinto orden o totalmente desordenadas cada tanto ante nuestros ojos? ¿Que las colúmbidas viven tan solo seis años? ¿Y cuánto tiempo ha mirado usted las palomas? ¿Acaso están ahí cuando no las mira?

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